Escrito por María Fernanda Cárdenas
La semana pasada discutimos sobre los avances que ha tenido Colombia en los últimos años dentro de la industria del turismo gastronómico. Hoy nos adentramos un poco más para aprender sobre algunos de los elementos que conforman este panorama culinario.
Para ilustrar el primer caso, según la Federación Nacional de Cafeteros, 22 de los 32 departamentos que tiene Colombia son productores de café. Esto en términos de turismo gastronómico puede representar una oportunidad de descentralización del turismo para territorios menos visitados a las ciudades principales como Cartagena, Santa Marta, Medellín, Bogotá o Cali. La caficultura representa el 25 % del empleo agrícola en el país, esto se traduce a unos 730.000 empleos directos. Estas cifras podrían ser mucho mayores si se empieza a mirar el sector como un recurso turístico que permita a las poblaciones cafeteras quedarse en sus territorios y dedicarse a la labor que saben hacer pero, generando nuevas dinámicas sociales e ingresos a partir de la creación de oferta turística cafetera.
El Paisaje Cultural Cafetero colombiano es Patrimonio Cultural por la UNESCO desde 2011. En el Quindío, uno de los principales departamentos del Eje Cafetero, se reúnen 7 parques temáticos, algunos especializados en esta bebida y su producción, también existen diferentes haciendas turísticas cafeteras, rutas enfocadas en la panela y el café, unas 200 tiendas gastronómicas especializadas y 26.000 camas disponibles para visitantes según la Cámara de Comercio de Armenia. Si bien es cierto que falta una medición más exacta sobre la oferta de productos turísticos enfocado en el café, se puede afirmar el enorme potencial de turismo gastronómico que representa la zona, sobretodo por la popularidad mundial que representa esta bebida.
Por otro lado, si hablamos de un producto como el cacao los horizontes se expanden hacia más oportunidades. El cacao colombiano ha ganado diferentes reconocimientos internacionales, uno de ellos por el Salon du Chocolat de París en su versión 2021. Este fruto también se cultiva en diferentes departamentos de Colombia como Arauca, Chocó, Antioquia, Nariño, Huila, Tolima y Santander. Esto también ofrece la posibilidad de crear rutas especiales, experiencias, hospedajes, tiendas gastronómicas, catas, entre otros, enfocados en este producto. Si bien actualmente se puede encontrar oferta, pasa lo mismo que con el café, se necesitan más cifras, mediciones, organización y promoción. Por su parte, la Federación Nacional de Cacaoteros anunció que en 2021 se llegó a una cifra record en producción de este fruto con 69.040 toneladas, lo cual indica que la industria como tal también va en crecimiento. El potencial existe y hay que aprovecharlo cuanto antes.
Ahora, si pasamos a las frutas, Colombia es el noveno proveedor de frutas exóticas a nivel mundial. Esto se puede ilustrar en términos de turismo gastronómico haciendo la búsqueda de las palabras “tour de frutas Colombia” y maravillándose con la cantidad de resultados que lanzan los buscadores. Importantes mercados gastronómicos como Paloquemao en Bogotá o la Plaza Minorista de Medellín se han convertido en el escenario de catas de frutas que maravillan a los visitantes precisamente por la biodiversidad del país. Son dinámicas interesantes ya que amplían las dinámicas e ingresos de mercados que se han limitado estrictamente a la comercialización de alimentos durante años y que encuentran en el turismo una nueva oportunidad. Es relevante volver a dejar claro que no existen aun cifras oficiales para estas actividades y realmente son necesarias para medir y poder ir consolidando un sector de turismo gastronómico en Colombia.
Si nos centramos en un producto como la arepa, un amasijo ancestral a base de maíz con diferentes variaciones, estamos ante una preparación fácil de replicar y de adaptarse a todo el mundo. Según el cocinero colombiano Carlos Gaviria Arbeláez, autor del libro Arepas Colombianas: técnicas profesionales de cocina , existen unos 70 tipos de arepas, esto sin contar las variaciones de otros países como Venezuela. Esta preparación responde a una transversalidad referente a diferentes momentos del día, nivel socioeconómico, gustos y dietas que le dan mucho potencial en términos turístico gastronómicos. Asimismo, sus variaciones se prestan para involucrar diferentes regiones del país, crear rutas de la arepa, hablar de identidad, cultura e historia nacional y transportarla a otros entornos internacionales.
Finalmente, y pesar de tener claro que el turismo gastronómico va mucho más allá del sector restaurador sabemos que es parte importante del patrimonio turístico de una región. En estos términos, se puede reafirmar el avance gastronómico de Colombia si se tienen en cuenta listas como The World’s 50 Best 2021 la cual enumeró los 100 mejores restaurantes de América Latina, diez de ellos, restaurantes colombianos. Nombres como Leonor Espinoza, Harry Sasson, Juan Manuel Barrientos o Álvaro Clavijo cada vez resuenan más en la escena gastronómica mundial, y a pesar de que no están al alcance de todos, sin duda aportan a la conformación y posicionamiento de Colombia como destino de turismo gastronómico.
Las cifras, el escenario y las proyecciones son positivas. El potencial, la mano de obra y las ideas están latentes. Sin duda es necesario formalizar el sector, contar con mas inversión publica, infraestructura turística, oferta de entidades privadas y mucho más, pero, vuelven a resonar las palabras de Juliana Duque, Colombia puesta en los ojos glotones del planeta.
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